EL PENÚLTIMO RETO DEL GUARDIÁN DE CHAMARTÍN   

OBSERVANDO DESDE MI MUNDO: EL PENÚLTIMO RETO DEL GUARDIÁN DE CHAMARTÍN


EL PENÚLTIMO RETO DEL GUARDIÁN DE CHAMARTÍN

La carrera de Iker Casillas en terreno español parece estar llegando a su fin. En cierto modo por demerito suyo, en cierto modo por persecución bufandera. Un historial impoluto hasta el año 2011 precedió a tiempos de hastío, tristeza y ahogo. De no ser por el testarazo de Ramos en los últimos segundos de la final de la Champions, el portero pudo haber protagonizado una de las salidas más traumáticas vistas en el Real Madrid. El fútbol es así. Tan mágico como misterioso. El guardameta, quizás miedoso de salir de Madrid, decidió este verano intentar revalorizarse de nuevo. Y parecía conseguirlo después de abundante chascarrillo en el Bernabéu. El club, ahora sí, decidió cerrar filas en torno a él y apoyarle en público y en privado. Y el público lo aceptó. Pero llego el error, la mala fortuna frente a Eslovaquia y el clásico se presenta para él como una nueva final. Un día más y van muchos tendrá que volver a demostrar si está capacitado o no para seguir defendiendo la portería de la casa blanca.
Desde la llamada a Xavi en el verano de 2011, de la cual hemos sabido por boca de ambos que no fue algo aceitoso y empalagoso, ni siquiera una popular bajada de pantalones, Iker comenzó a estar en el centro de atención. Mou no buscaba la paz ni hacer un fútbol que pudiera ser ejemplo ante las nuevas generaciones. El técnico portugués acabó cegado y ante la ausencia de juego de los suyos buscaba de la crispación el método de conseguir victorias. Lícito, por cierto, dentro de la ley.
A partir de ahí, reproches en público. Una relación muerta llena de diatribas que fue la antesala de un tiempo en la oscuridad del banquillo, reaparecer y caer lesionado en un choque fortuito con Arbeloa conllevaron la llegada de un viejo canterano, entonces suplente en el Sevilla que vivió con la camiseta blanca su mejor etapa como futbolista profesional. Diego López llegó en medio del incendio y con paz, atajó y cumplió con creces.
El guardián de la portería blanca nunca ha podido disimular su malestar. La mirada perdida que le ha acompañado durante mucho tiempo ha reflejado que el capitán no disfrutaba bajo palos. A Iker se le multiplicaron las preocupaciones cuando un problema de índole económico le llevó a enfrentarse a su propia familia. En buen momento llegó su hijo al mundo para traer esa enorme felicidad que el nacimiento de una criatura genera.
El mayor problema de todo este tiempo, además de la facilidad que existe en España para endiosar y destronar de un día para otro a cualquier personaje público, ha sido que el debate generado ante el canterano del Real Madrid pocas veces ha sido deportivo. Periodistas y aficionados se colgaron la bufanda de amantes y detractores del jugador y técnico portugués olvidando el fútbol. El silencio de Iker tampoco ayudó.
Pero, finalmente, ni la salida de Mourinho le ahorró trabajo a Iker. Debía ganarse el puesto. Regresar. Recuperarse de una profunda desazón cuyo rostro nunca pudo esconder.  En la temporada 2013-2014 tuvo que reinventarse sabiendo que como máximo jugaría 22 partidos entre copa del Rey y Champions. Y el conjunto blanco los disputó y acabó logrando ambos títulos en los que Casillas participó.
La consecución de ambos trofeos junto al fichaje de Keylor Navas parecía predecir que Iker acababa su etapa como madridista. Ha quedado demostrado, al menos por ahora, que ni la entidad ni el jugador han sabido gestionar de la mejor forma su relación personal y contractual. La presente campaña comenzó con un Madrid dubitativo pero con Casillas bajo palos y una afición más pendiente de él que nunca. Pitos y aplausos para el portero y el estadio dividido. Esa herencia junto a la reconversión de la mentalidad ganadora del equipo han sido el gran legado de Mourinho.
En medio de tiempos turbios, la plantilla se conjuró en torno a Iker. Esto favoreció que la calma llegara a Chamartín. Y también la entrevista con Iñaki Gabilondo en la que el guardameta, por fin, da su versión de los acontecimientos acaecidos en torno a él. Todo parecía comenzar a sonar bien. Hasta aquella falta frente a Eslovaquia que Casillas vio pasar lentamente por la parte derecha de su portería.
De nuevo, el debate. Y el sábado el clásico. Ahí comienza de nuevo la temporada para el guardameta. Convencerse a sí mismo para empezar. Después, al mundo entero. Un nuevo reto en el ocaso de su carrera en la casa blanca. Iker deberá mostrar que ya no solo la historia pasada, sino el presente le hacen válido para la portería de Chamartín. Sus reflejos, el uno contra uno y la no precipitación a balón parado serán sus armas. De lo contrario, pronto obligará al míster italiano a adelantar acontecimientos.

Cristian Serrano

Escrito el 23/10/2014


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