ALFREDO GALÁN SOTILLO "EL ASESINO DE LA BARAJA"   

LA PARTE OSCURA DE LA MENTE: ALFREDO GALÁN SOTILLO -EL ASESINO DE LA BARAJA-


ALFREDO GALÁN SOTILLO "EL ASESINO DE LA BARAJA"

El conocido como 'Asesino de la baraja', ex militar Alfredo Galán Sotillos, fue condenado a 142 años y tres meses de prisión por seis asesinatos y tres tentativas entre los meses de enero y marzo de 2003. Mató a sus víctimas con una pistola Tokarev que se trajo a España de su paso como militar por Bosnia, y fue conocido por dejar una carta a los pies de sus víctimas, a modo de firma.
 
INFANCIA Y JUVENTUD
Alfredo Galán Sotillo nació el 5 de abril de 1978 en Puertollano (Ciudad Real), Fue al colegio estudiando EGB, y en el instituto BUP, llegando a ser delegado de clase. Los profesores lo recuerdan como un estudiante «más bien malo» e introvertido, aunque con una conducta correcta.

INCORPORACIÓN AL EJÉRCITO
En septiembre de 1998 ingresa en el ejército, donde alcanza el rango de Cabo Primero del Regimiento de Paracaidistas de Alcalá de Henares, participando en dos misiones humanitarias en Bosnia.
En enero 2003 su unidad es relevada de Bosnia y le mandan a limpiar chapapote procedente de la catástrofe marinera del Prestige a Galicia. Coge un coche sin autorización de su dueña, lo que provocó que tuviera un problema con un superior. Es enviado al hospital militar Gómez Ulla de Madrid. Le diagnosticaron neurosis y ansiedad. El alcohol era incompatible con la medicación que le recetaron, pero, al parecer, él siguió bebiendo.
En marzo 2003 causa baja definitiva en el ejército. Este mismo mes empieza a trabajar como vigilante en el aeropuerto de Barajas para una empresa de seguridad. Según parece, se dio cuenta de que no iba a durar mucho en el ejército, tras el problema con el superior, y empezó a buscar otros trabajos.

VICTIMAS
El viernes 24 de enero de 2003 comienza su carrera de asesinatos, ejecutando de un tiro en la cabeza a Juan Francisco Ledesma, de 50 años, delante de su hijo de 2 años.
En febrero del mismo año 2003 aparecen varios cuerpos, siendo el primero el de Juan Carlos Martín Estacio, empleado en el aeropuerto de Barajas. También presentaba un disparo en la cabeza. Ahora aparece cerca del cuerpo de la victima un as de copas.
Entra en un bar de Alcalá de Henares (Madrid) y, sin mediar palabra, le dispara en la cabeza a Mikel Jiménez Sánchez, de 18 años. Después a Juana Dolores Ucles López, de 57 años, ambos fallecen en el acto, hiriendo a Teresa Sánchez García, de 38 años, dueña del bar y madre de Mikel.
En marzo de 2003, se acerca a una pareja, saca una pistola y le pega un tiro en la cara a Santiago Eduardo Salas, de 27 años. Intenta hacer lo mismo con Anahid Castillo Ruperti, de 29 años, pero se le encasquilla el arma, lo que le hace huir, dejando caer un naipe.
La última de sus victimas fue el Martes 18 de marzo de 2003, matando a una pareja de rumanos en Arganda del Rey (Madrid). Gheoghie Magda murió en el acto y su mujer, Doina, horas después. Al lado de sus cuerpos aparecieron el tres y el cuatro de copas.

CONFESIÓN
El 3 de julio de 2003 Alfredo Galán Sotillos se entregó en la comisaría de la Policía Local de Puertollano (Ciudad Real). Al parecer, lo primero que le dijo a los agentes fue: "Soy el Asesino de la Baraja, estoy harto de la ineficacia policial".
Los policías de servicio pensaron que se trataba de un desequilibrado en tratamiento psiquiátrico que había bebido alcohol. Para convencerles, Galán tuvo que dar algunos detalles que no habían aparecido en los medios de comunicación y que los propios policías de Puertollano tuvieron que consultar con los investigadores.
Según parece, el presunto asesino ofreció diversas explicaciones más o menos contradictorias: que quería probar que matar era fácil; que dejó de matar porque con el calor le molestaban los guantes, pero que pensaba reiniciar la actividad después del verano; que se entregó porque tenía remordimientos; o que se entregó porque, tras la publicación de perfil del asesino, creía que le iban a detener de un momento a otro.
El acusado dijo, en aquella ocasión, que había usado una pistola Tokarev que compró en un bar de Mostar (Bosnia) por 400 euros. Según su versión, las balas se las trajo en su propio petate, cuando regresó a España.
Al parecer, también explicó que quería que creyeran que había dos asesinos y, por ello, no dejó siempre cartas y mató tanto a españoles como a inmigrantes. En otra ocasión dijo que él no había puesto la primera carta, y que tras observar la importancia que daban en los medios de comunicación a este detalle, decidió firmar sus crímenes con un naipe.
Según parece, en algunos de los casos comenzaba por saludarles, mandándoles arrodillarse y ejecutándolos; mas o menos así: "Buenos días, arrodíllese", y entonces les disparaba en la cabeza. En el juicio, supuestamente, éste decía dar mucha importancia a los buenos modales y la educación.
Este detalle no coincide con las declaraciones de los supervivientes y, además, la trayectoria de la bala que mató al portero era casi paralela al suelo, por lo que, probablemente, no estaba de rodillas cuando le dispararon, aunque los forenses no lo descartaron. El que sí ha debido morir arrodillado es Juan Carlos Martín porque tenía los pantalones manchados de barro a la altura de las rodillas.
Alfredo Galán ratificó en el Juzgado de Instrucción de Puertollano la confesión que había hecho en la comisaría e ingresó en la prisión de Herrera de la Mancha (Ciudad Real), a la espera de juicio.
Nueva declaración: los neonazis asesinos
El 10 de septiembre de 2003 el acusado cambió su declaración y negó ser el Asesino de la Baraja. La nueva versión que dio en el Juzgado de Madrid es un tanto enrevesada. Dijo que en enero de 2003 le vendió la pistola a un conocido. Que a finales de marzo de 2003 el comprador y un hombre de unos 33 años le ordenaron que no contara a nadie a quien había vendido el arma, que seguía teniendo sus huellas.
A finales de abril, según esta versión, volvió a quedar con los dos hombres y, en esta ocasión, le dieron detalles sobre los crímenes. Después, le apuntaron con una pistola al ojo y le ordenaron que se entregara a la policía y se autoinculpara de los crímenes.
En un tercer encuentro, en mayo, le dieron un plazo de dos meses para entregarse, bajo la amenaza de que el cinco y el seis de copas serían para sus hermanas, según relató Galán. Además, si no se entregaba, contratarían a alguien para matarle, añadió el presunto asesino.

INFORME DE LOS PSIQUIATRAS FORENSES
Sea o no el alcohol, o la temprana muerte de su madre la causa de sus desequilibrios, lo cierto es que los tres psiquiatras judiciales que examinaron a Alfredo Galán sostuvieron que no es un enfermo mental y que, aunque padece un trastorno de la personalidad, distingue perfectamente el bien del mal, por consiguiente "A efectos jurídicos, es imputable". El fiscal del caso, que demandó una condena de 153 años de cárcel para Galán por seis asesinatos y otros tres en grado de tentativa, sostuvo que en las criminales acciones de Galán no concurre ninguna eximente.
Los psiquiatras dictaminaron que el asesino de la Baraja mataba por placer, y que aun teniendo "rasgos paranoides y un trastorno adaptativo de la personalidad", ello no le convierte en "inimputable", puesto que "mataba por matar" y "sentía placer por ello". Se trata, en opinión de los psiquiatras, de una persona "narcisista, sádica y megalómana que necesita ser admirada por los demás". "Mataba por mera gratificación personal, por tener la experiencia de lo que se siente al quitar la vida a otro ser humano", resaltan los peritos.

JUICIO Y CONDENA
Durante el juicio celebrado en la Sección Séptima de la Audiencia Provincial de Madrid, durante 2005, las pruebas aportadas para su inculpación fueron:

1. Su confesión en comisaría y la posterior ratificación. Galán reveló supuestamente detalles que no habían salido a la luz pública para convencerles de que era el asesino. Describió las posturas en las que quedaron los cadáveres, contó que encima de la mesa de la portería había una cartera y que había un punto azul pintado en el reverso de las cartas.
2. Según la policía, el casquillo encontrado dentro de un jarrón en el domicilio de su hermana se corresponde con una bala disparada en casa del portero.
3. La policía encontró la sudadera, el chándal y los guantes que supuestamente utilizó para cometer los crímenes.
4. Desde que se entregó no se han dado a conocer más asesinatos con Tokarev y naipe, aunque los crímenes ya habían cesado cuatro meses antes de su confesión.
5. El acusado estuvo dos veces en Bosnia y, según la policía, la pistola con la que se cometieron todos los crímenes es yugoslava.
6. Las víctimas que sobrevivieron le identificaron como el asesino durante el juicio. Santiago Eduardo y la dueña del bar recuerdan ahora perfectamente su inconfundible nariz aguileña, pero antes de que se entregara no lo tenían tan claro. Por su parte, Anahid, la testigo ecuatoriana, dice que le ha reconocido por su mirada (que había descrito con anterioridad como la de un tiburón) y por rasgos generales.
Al parecer, Galán había sido descartado previamente de la lista de sospechosos después de que mostraran sus fotos a dos de los testigos, que no le identificaron. Además, en mayo de 2003 los agentes detuvieron a un sospechoso, al que sí había identificado una de las víctimas. Se trataba de otro militar de la brigada paracaidista, que también había estado en misión de paz en los Balcanes. Las dos mujeres sufrieron estrés postraumático crónico, según los peritos que declararon en el juicio. Una de ellas declaró que durante un tiempo le parecía que veía al asesino por todas partes.
7. Dos testigos señalaron en el juicio que Galán les había contado que se trajo una pistola de Bosnia.
La policía cree que el presunto asesino de la Baraja se deshizo de la mayoría de las pruebas incriminatorias antes de confesar. No encontraron la redecilla que, según su confesión, utilizaba para recoger los casquillos; ni las dos barajas a las que pertenecían los naipes; ni los recortes de prensa sobre los asesinatos que supuestamente había guardado; ni las zapatillas deportivas, que se cree llevaba cuando perpetró los crímenes y con las que se podían haber cotejado huellas y restos de tierra y tampoco apareció la pistola. Alfredo Galán dijo que la había tirado a un contenedor de Puertollano y la buscaron en el vertedero de Almódovar del Campo durante meses, pero no apareció.
Finalmente, la Audiencia Provincial de Madrid condenó a Alfredo Galán Sotillos, a 142 años y tres meses de prisión como autor de un delito de allanamiento de morada, de seis asesinatos consumados y de tres en grado de tentativa ocurridos entre los meses de enero y marzo de 2003,
cumpliendo condena en la cárcel madrileña de Soto del Real de donde no podrá salir hasta el 2023 como mínimo, con 50 años, salvo que se le aplique la doctrina Parot, en cuyo caso no saldría antes del 2043 cuando tenga 65 años. 
  
Usátegui

 

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Una vez que la victima ha ingresado la cantidad de dinero solicitado, se consuma la estafa y ya no vuelve a saber nada de los autores.

 

 

 

 

 

Escrito el 26/06/2015


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